Francisco “Tito” Nenna nació en la Ciudad de Buenos Aires, en el barrio de La Boca, el 22 de octubre de 1951. Está casado con Susana, tiene 6 hijos y 2 nietos.
Realizó sus estudios primarios en la escuela 1 del Distrito Escolar 4, una de las más antiguas de la ciudad, en Aristóbulo del Valle 471. Al momento de elegir sus estudios secundarios, Tito optó ser maestro. Se recibió en la Escuela Mariano Acosta, y concretó su preparación como Profesor de Enseñanza Primaria en la Escuela Normal N° 4.
Inmediatamente, comenzó a trabajar como maestro suplente en la escuela parroquial San Francisco de San Telmo y desarrolló sus primeras suplencias en escuelas primarias públicas de La Boca: en la 26, que dependía del Patronato de la Infancia -donde realizó un intenso trabajo social-; la 9 Quinquela Martín -donde hoy funciona el Museo del pintor-. Por los días de la dictadura de Levingston, egresado ya de la escuela secundaria, estuvo preso 4 meses en el marco de una movilización por el ingreso irrestricto. “Esa fue la primera experiencia fuerte: estuve preso en Devoto”, recuerda a la distancia, y agrega: “yo era un perejil, recién empezaba a militar”.
En el ´73, arrancó con su actividad gremial como delegado de escuela. A partir de entonces, se zambulló en un período de fuerte trabajo militante junto a muchos compañeros, brindando ayuda escolar en los conventillos y las zonas más necesitadas de La Boca, como el barrio Chino y su unidad básica Descamisados.
La presencia de la Triple A se hizo sentir en aquellos años, y Tito decidió ir trabajar a una escuela de frontera en el Oeste de Chubut con la comunidad mapuche. Hacia allí partió con su familia, y orientó su trabajo a la ruptura de las estructuras clientelistas que ya en aquella época jugaban a través el Programa Aborigen del Ministerio de Bienestar Social, comandado por López Rega.
En el ´75, y luego del nacimiento de su primer hijo, se trasladan a la escuela 113 Centinela en el Noroeste de Chubut, donde impulsaron, entre otras acciones, el cumplimiento de la jornada de 8 horas de trabajo para los recolectores de leña. Pero las presiones de la Gendarmería se tornaban cada vez más explícitas, al punto que uno de los caciques de la comunidad lo alertó sobre el riesgo que implicaba para él y su familia permanecer allí.
El 23 de marzo del ’76, Nenna emprendió el regreso a Buenos Aires. El golpe del 24 los tomó en el trayecto a José de San Martín.
Ya en Buenos Aires, no pudo volver a trabajar en la docencia hasta el año 83. Durante la dictadura, fue fletero.
Recién en el ‘82 consiguió una suplencia en la escuela parroquial de la congregación de Fátima, a la que concurrían chicos de sectores vulnerables. Allí trabajó intensamente con el párroco. No obstante, su objetivo era poder volver a trabajar en escuelas públicas.
En mayo del ´83 lo hizo, a través de una suplencia en la escuela del distrito 5, puesto que conservó por 5 años.
Fue delegado hasta el ´86. Intervino en la Marcha Blanca, y participó del conflicto del ‘88 que se condensó en los 43 días de paro. Ese mismo año ganó las elecciones en el sindicato, y asumió un año después.
Tito se involucró activamente en la Marcha Grande, cuando la clase trabajadora convergió en la Plaza de Mayo manifestando la necesidad de la unidad del movimiento obrero. Y si bien las reivindicaciones habían nacido tiempo atrás, el ´97 marcó un punto de inflexión en la lucha de los docentes: el salario estaba profundadamente retraído, con severas diferencias en todo el país, se promovía destrucción del Estado como responsable y garante absoluto de la educación pública y se asestaba el golpe de gracia con la sanción de la Ley Federal de Educación.
Entonces, estallaron los conflictos provinciales, que corrieron como reguero de pólvora hasta la mismísima Capital Federal. “El 2 de abril anunciamos, en forma muy ilusa, que instalaríamos una Carpa frente al Congreso, creyendo que el Parlamento en una semana o quince días sancionaría una ley de financiamiento”, rememora el dirigente. La carpa estuvo de pie frente al Congreso Nacional 1003 días.
Esta experiencia puso de manifiesto la necesidad de incorporar otras voces, salir de lo corporativo para abrirse a una construcción movimentista, donde estuviesen representados todos los sectores que defienden la educación pública. “Eso fue la Carpa Blanca: la síntesis de muchos conflictos pero también la amalgama de la sociedad tomando conciencia de la problemática educativa en un momento de alta conflictividad”, argumenta.
A partir del año 2001, ingresó a la Junta Ejecutiva de CTERA y luego pasó a ser Secretario de Relaciones Internacionales. Ahora, apuesta a “abrir la Legislatura porteña a las necesidades del pueblo de la ciudad de Buenos Aires”.